Dido, hija de Belo, rey de Tiro, y hermana de Pigmalión, se unió en matrimonio con Siqueo, gran sacerdote de Hércules.
Siqueo era el más rico de los fenicios. Sus tesoros excitaron la codicia de Pigmalión, quien para apoderarse de ellos hizo asesinar a Siqueo mientras ofrecía sacrificios a los dioses.
Por el momento, Pigmalión consiguió ocultar su homicidio, acallando con mentidas exculpaciones las sospechas de su hermana; pero una noche la sombra de Siqueo, con aspecto pálido y desfigurado, se apareció en sueños a Dido y le enseñó el altar al pie del cual halló la muerte; se descubrió el pecho, la hizo contemplar la herida que acabara con su vida, y le aconsejó que huyera.
Dido, al despertarse, disimula su dolor, prepara su marcha, se apodera de quince naves que había en el puerto y en las que recluta a todos los que odian al tirano o le temen, y parte llevándose las riquezas de Siqueo y las del propio Pigmalión.
La princesa fugitiva llegó a la isla de Chipre y allí hizo raptar a cincuenta doncellas que dió por esposas a sus compañeros de destino.
De aquí hizo rumbo a las tierras africanas y desembarcó junto a Utica, pidiendo a sus habitantes que le vendiesen el trozo de terreno que pudiese ser medido con la piel de un toro.
Cuando hubo conseguido a bajo precio tal concesión, aparentemente muy mezquina, hizo cortar el cuero en tiras muy estrechas, y de esta manera pudo trazar una gran circunferencia que fue la cuna de la famosa Cartago, rival de Roma.
Este hecho ocurrió hacia el año 880 de nuestra era, según cuenta la fábula, aunque la Historia afirma que cuando Dido desembarcó en África, Cartago había sido ya fundada. La princesa tiria hizo solamente edificar una ciudadela a la que dió el nombre de Birsa, palabra que en griego significa cuero.


Habiendo Dido fundado y engrandecido su ciudad, fue solicitada en matrimonio por Yarbas, rey de Getulia y vecino del nuevo reino; pero no pudo resolverse Dido a violar la fidelidad que había jurado a Siqueo, su primer marido.
Molestado el rey de los gétulos por la negación de la princesa, decidió obligarla por la fuerza a acceder a su petición, y para ello puso en pie de guerra a numerosos escuadrones, machó contra Cartago y sitió la plaza.
No pudiendo Dido oponer resistencia alguna, fingió acceder a los deseos de Yarbas y pidió solamente una tregua de tres meses para aplacar los manes de Siqueo.
Transcurrido el plazo fijado, y viéndose nuevamente solicitada y amenazada por Yarbas, se subió a un montón de leña que estaba preparada para la hoguera en el interior del palacio, sacó de entre sus vestidos un puñal que llevaba oculto y se mató.
Lo que Virgilio cuenta sobre los amores de Dido y Eneas, debemos tomarlo como pura ficción literaria, puesto que Eneas vivió trescientos años antes de la fundación de Cartago.