Qué dulce por doradas aguas llenas
de blanda paz el viaje se me antoja.
El cielo besa el mar en lontananza,
la brisa el corazón de sueño inunda...
La calma de este ocaso es tan profunda,
tan honda la quietud que el tiempo alcanza,
que el flujo que de fuego arde en mis venas,
por vicio de virtudes me sonroja.
Las ansias de fundirse en el instante
diluyen cualquier otro pensamiento.
La cálida textura de la arena
envuelve el cuerpo en sol, y el sol desmaya.
La tarde contemplando en esta playa,
de súplicas el pecho se me llena:
rogando por asir la luz cambiante;
clamando por el don de otro momento.
- BOGAR -