Ella yacía como si jugase.
Brincó su vida lejos
pensando en el retorno:
pero no tan pronto.
Medio caídos sus alegres brazos
como si, en una pausa del recreo,
un instante olvidaran
cómo empezar de nuevo.
Sus ojos danzarines entreabiertos,
como si aún el alma
centellease en ellos
y alegres os mirasen.
La mañana a su puerta
intentaría -no lo dudo- el modo
de interrumpir su sueño
tan ligero, tan hondo.
- EMILY DICKINSON -