Y en un rincón del salón de baile
esperaba la sombra de otros tiempos
vestida de gala con luz de luna.
Y al verme, sonrió tan sólo, y luego
tomó mi mano entre las suyas, tan dulces,
tan frías, y un beso de escarcha
posó en mi frente febril y soñolienta.
La música me traspasaba a cada nota,
y dolía... y durante un acorde
mi pecho se detuvo silencioso.
Jamás escuché un vals tan triste.
Bailamos cuanto el tiempo no midió,
como por última vez, sin palabras,
sin inertes suspiros suplicando el descanso;
perdido en aquellos ojos sin su brillo.
La gélida noche se fue... o llegó;
un cosquilleo recorrió mi mejilla.
Y en un rincón del salón de baile,
nunca una lágrima causó tanto estrépito
como aquélla última mía al estrellarse
contra el frío suelo de mármol.
- BOGAR -