Tibio estaba al principio como nosotros;
luego el frío fue ganándole
como se forma escarcha en un cristal y borra
al fin todo el paisaje.
Imitaba a las piedras su frente; no podían
dolerle ya los dedos de tan fríos; y como
un arroyo con gente patinando,
se le helaron los ojos.
Estaba largo, recto: eso fue todo.
El frío sobre el frío amontonaba
y se multiplicó su indiferencia
como si sólo orgullo le quedara.
Y ni siquiera cuando, con las sogas,
como una carga, allí fueron bajándole,
hizo una sola seña, ni vaciló un momento;
y cayó con firmeza de diamante.
- EMILY DICKINSON -